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Redacción Atletimanía
El Atlético de Madrid se metió en un lío serio en Europa tras caer por 1-2 ante el Bodo/Glimt en la última jornada de la liguilla de la Champions. Lo que parecía una noche propicia para sellar el pase directo a octavos terminó en silbidos, nervios y un golpe de realidad: los de Simeone tendrán que ganarse su sitio en febrero, en una eliminatoria de ‘playoffs’, después de uno de los encuentros más pobres del curso en el Metropolitano.
El arranque rojiblanco fue tan frío como preocupante. El equipo salió espeso, sin tensión ni claridad en la salida de balón, y los noruegos lo olieron. Sondre Fet estuvo a centímetros de castigar el desconcierto local, pero Giménez salvó bajo palos cuando Oblak ya estaba batido. Ese susto actuó como despertador para un Atlético que, sin brillo, al menos empezó a empujar.
Tras un gol anulado a Álex Baena por fuera de juego, el 1-0 sí subió al marcador poco después. Hancko colgó un balón desde la izquierda y Alexander Sorloth, en plena racha, impuso su físico para cabecear a la red. El noruego, enchufado en este inicio de año, parecía encarrilar una noche clave para colarse entre los ocho mejores.
Pero fue un espejismo. Cuando el Atlético daba la sensación de tener el partido bajo control, llegó el cortocircuito. Una indecisión atrás permitió al Bodo/Glimt recuperar un balón suelto en el área y Fredrik Sjovold, llegando desde segunda línea, fusiló para firmar el 1-1. El golpe dejó temblando a los de Simeone, que cerraron la primera mitad entre dudas, con un disparo al poste de Barrios como único atisbo de reacción real.
Nada cambió tras el descanso. De hecho, el dominio pasó a ser claramente visitante. El Bodo/Glimt jugaba con descaro, movía al Atlético de lado a lado y pisaba área con demasiada facilidad. Simeone movió el banquillo pronto, dando entrada a Almada y Ruggeri, pero ni siquiera eso logró agitar a un equipo espeso y desordenado.
El mazazo definitivo llegó tras una acción embarullada en el área rojiblanca. Entre rebotes y falta de contundencia, el balón acabó en los pies de Kasper Høgh, que lo mandó a la red para culminar la remontada. El VAR revisó la jugada, pero el tanto subió al marcador y silenció el estadio.
A partir de ahí, el Atlético fue un manojo de nervios. Sin ideas, sin claridad y con más corazón que fútbol, se estrelló una y otra vez contra un rival bien plantado. Solo Barrios intentó dar algo de sentido al juego, pero ni siquiera su presencia fue suficiente para evitar el desorden general.
El pitido final confirmó el desastre: primera derrota europea en casa del curso, bronca de la grada y la sensación de haber dejado escapar una oportunidad de oro. El Atleti se jugará ahora su continuidad en la Champions en una eliminatoria a vida o muerte, después de una noche para olvidar.
