Crónica Athletic Club vs Atlético: El Atlético se deshace en San Mamés y firma su primera derrota

Redacción Atletimanía

El Atlético de Madrid se quedó sin respuesta en San Mamés. El equipo de Diego Pablo Simeone cayó con contundencia ante el Athletic (3-0) después de un partido que cambió por completo tras el descanso. Los rojiblancos compitieron durante una primera mitad igualada, pero se derrumbaron en apenas unos minutos y terminaron encajando tres goles.

La noche comenzó con buenas sensaciones. El Atlético salió con personalidad y encontró espacios pese a la presión alta del Athletic. La ocasión más clara llegó muy pronto, cuando Kang-in Lee recibió dentro del área y cruzó su disparo con la zurda. El balón se marchó al palo y dejó la primera gran advertencia del partido.

El Athletic fue creciendo con el paso de los minutos. San Mamés empujaba y los locales comenzaron a ganar metros, aunque sin encontrar el último pase. Iñaki Williams tuvo una de las mejores oportunidades, mientras que Sancet también probó fortuna con un disparo que se marchó cerca de la portería de Oblak.

El Atlético logró enfriar el encuentro después de la pausa de hidratación y volvió a tener más presencia en campo rival. Baena apareció entre líneas y puso a prueba a Unai Simón, pero el partido llegó al descanso sin goles. Todo quedaba abierto.

Y entonces llegó el derrumbe.

El Atlético salió dormido del vestuario y el Athletic lo castigó sin piedad. Apenas habían transcurrido unos segundos cuando Iñaki Williams apareció en el área y su disparo, desviado por Hancko, acabó convirtiéndose en una asistencia involuntaria para Nico Williams. El internacional español apareció en el segundo palo y cabeceó a la red para poner el 1-0.

El golpe fue inmediato. Y el segundo llegó prácticamente después.

El Athletic recuperó el balón en campo contrario, Iñaki Williams encontró a Robert Navarro y el atacante rojiblanco se deshizo de Hancko antes de colocar el balón lejos del alcance de Oblak. Dos goles en cuestión de minutos y un Atlético completamente desorientado.

Simeone reaccionó de inmediato. El técnico argentino movió el banquillo con cuatro cambios de una tacada: Julián Álvarez, Koke, Arnau Ortiz y Cuti Romero entraron para intentar cambiar el rumbo del encuentro. Para el central argentino, además, suponía su debut oficial con la camiseta del Atlético.

Pero el problema ya no era solo táctico. Al Atlético le faltaba claridad, ritmo y, sobre todo, capacidad para generar peligro. Tuvo la pelota durante muchos minutos, pero apenas consiguió transformar ese dominio en ocasiones. Julián Álvarez encontró una oportunidad con un disparo raso que obligó a Unai Simón a realizar una gran intervención, pero fue prácticamente un oasis dentro de una segunda parte demasiado pobre.

El Athletic, mientras tanto, esperaba su momento. Los de San Mamés se replegaron, cerraron espacios y dejaron que el Atlético asumiera el control. La trampa estaba preparada para salir a la contra.

Y el tercero terminó llegando.

Con el Atlético ya volcado y buscando una reacción más desde la voluntad que desde el fútbol, Sancet aprovechó una nueva transición para sentenciar el encuentro. El centrocampista recibió, encontró el espacio y batió a Oblak para colocar el 3-0 y convertir San Mamés en una fiesta.

El Atlético se marchó de Bilbao con las manos vacías y con una sensación preocupante. El equipo de Simeone había conseguido mantenerse dentro del partido durante 45 minutos, pero fue incapaz de reaccionar al primer golpe. Dos goles consecutivos terminaron con el plan y dejaron una segunda parte para olvidar.

Es la primera derrota del Atlético en LaLiga y un serio aviso después de las primeras jornadas. El conjunto rojiblanco tendrá ahora que levantarse rápido, corregir sus problemas lejos del Metropolitano y recuperar la versión que mostró en algunos tramos de sus primeros partidos.

San Mamés volvió a demostrar por qué es una de las plazas más complicadas de Primera. Y el Atlético comprobó, de la peor manera, que en una noche así no basta con controlar el partido: hay que sobrevivir también a sus momentos de máxima intensidad.

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