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Redacción Atletimanía
El Atlético de Madrid ya está en octavos de final de la Liga de Campeones tras imponerse con autoridad al Club Brujas (4-1) en un Metropolitano que pasó del nervio al éxtasis. Alexander Sorloth fue el gran protagonista de la noche con tres goles que sellaron una eliminatoria que se había complicado más de lo esperado tras el empate de la ida en Bélgica.
El arranque fue incómodo. El Brujas, sin complejos, amagó con meter el miedo en el cuerpo a un Atleti algo espeso, falto de ritmo y sin control claro del partido. Oblak tuvo que intervenir más de lo deseado y la sensación era inquietante: el duelo no estaba donde lo quería Simeone. El gol visitante, tras un córner mal defendido, confirmó los temores y obligó a remar contracorriente.
Pero este Atlético sabe sufrir. Y sabe esperar su momento. Cuando menos lo parecía, apareció Sorloth. Un balón largo, una disputa ganada por pura potencia y un disparo que sorprendió a Mignolet devolvieron la calma a la grada. El empate fue oxígeno puro antes del descanso.
Tras el paso por vestuarios, el partido cambió. El Atleti dio un paso al frente, ajustó líneas y comenzó a mandar desde la intensidad. El 2-1, tras un córner, fue el reflejo de ese empuje: menos brillante, pero más decidido. A partir de ahí, el Metropolitano olió sangre.
Simeone movió el banquillo con pragmatismo. Más orden, más piernas y un plan claro: cerrar espacios y castigar a la contra. Ahí emergió la figura de Lookman, eléctrico, vertical y decisivo en las transiciones. En una de ellas, Sorloth volvió a imponer su ley para firmar el 3-1 y romper definitivamente la eliminatoria.
El Brujas ya estaba roto. Y el Atlético no perdonó. Un nuevo centro desde la izquierda encontró otra vez al noruego en el área pequeña para completar un ‘hat-trick’ que desató la locura en el estadio. Trabajo, pegada y contundencia: la versión más reconocible del equipo del ‘Cholo’.
El Atleti sufrió, dudó y resistió. Pero cuando encontró su momento, fue implacable. Con Sorloth en modo ariete total y el Metropolitano empujando, los rojiblancos ya miran a los octavos con la certeza de haber superado una prueba de carácter europeo.
