El Atlético vuelve a la élite europea

 Santiago T. Peredo | @SantiagoTPeredo

El Atlético de Madrid volvió a hacer de la resistencia un arte para sellar su pase a semifinales de la Liga de Campeones tras caer 1-2 ante el FC Barcelona en el Metropolitano, haciendo bueno el 0-2 de la ida. Una noche de sufrimiento puro, de las que definen el ADN del equipo de Diego Pablo Simeone, que mete de nuevo a los rojiblancos entre los cuatro mejores de Europa casi una década después.

Porque si hay una figura que explica este salto competitivo del club es la del técnico argentino. Desde su llegada en 2011, el Atlético no solo ha crecido: ha cambiado su lugar en el mapa. Europa dejó de ser una aventura para convertirse en territorio habitual. Y todo empezó casi sin margen de maniobra, con aquella Europa League de 2012 que marcó el inicio de una era.

Aquel título en Bucarest fue el primer aviso. Meses después, el equipo ya competía sin complejos y, en 2014, se plantó en semifinales de Champions en su debut en la competición con Simeone. La eliminatoria ante el Chelsea, resuelta con carácter en Stamford Bridge, confirmó que el Atlético había llegado para quedarse. Aquella campaña terminaría en una final dolorosa, pero también en la consolidación de un gigante competitivo.

El guion se repitió en 2016, con otra carrera memorable hasta semifinales y un equipo capaz de tumbar al Bayern y volver a disputar una final europea. Y un año más tarde, el Calderón se despidió de la Champions con otra semifinal, con el sueño de la remontada ante el Real Madrid que se quedó a medio camino, pero que dejó otra demostración de orgullo colectivo.

Desde entonces, el Atlético no había vuelto a esta ronda. Hasta ahora. Nueve años después, Simeone vuelve a colocar a su equipo entre los mejores del continente, en lo que ya es una constante histórica bajo su mando. Sextas semifinales europeas con él en el banquillo —cuatro en Champions y dos en Europa League— que confirman que lo suyo no es casualidad.

Este Atlético no siempre brilla, pero nunca se rinde. Y en noches como esta, cuando toca apretar los dientes, es cuando más se reconoce. Porque el camino a la élite europea, en rojiblanco, siempre pasa por saber sufrir.

Deja un comentario