Simeone: “Puedo ser mal entrenador, pero tonto no soy”

Redacción Atletimanía

Diego Pablo Simeone aprovechó el parón FIFA para mantener una conversación con Vicente Del Bosque en la sección del ex seleccionador de la roja ‘Charlas con Del Bosque’ del diario El País.

Vicente del Bosque. Siempre he pensado que nosotros somos dos privilegiados que hemos podido dedicar toda nuestra vida a nuestro juego favorito de niños. Yo vine con 17 años a Madrid; tú debutas en Primera, en Vélez, con esa edad.

Simeone. Soy un agradecido a la pelota. Mi padre y yo, desde hace años, en Navidad la ponemos en el arbolito, agradeciéndole año tras año todo lo que nos permitió lograr y pidiendo que podamos seguir viviendo de ello. Me gusta lo que hago. Soy un apasionado de poder encontrarme con dificultades. La vida es así y el fútbol es el reflejo donde puedo convivir y transitar. Me gusta transmitir y cuando veo dificultades me pongo mejor.

D. B. En casa tenías un ambiente familiar futbolero.

S. Superfutbolero. Mi padre ahora está grande. Tiene 77 años, pero jugó hasta los 73-74, ya más lento, obviamente. Después hizo de entrenador de sus amigos y hoy es mi mayor crítico. El 95% de las conversaciones son sobre fútbol. Nos acerca.

D. B. Y se lo has traspasado a tus hijos desde el ejemplo.

S. Cada uno tiene su personalidad. Los tres son fantásticos chicos. Muy nobles. Los que han trabajado con ellos lo primero que me hablan es de ellos como persona y eso me llena de orgullo. Trato de decirles que no hagan lo que no les gustaría que les hicieran y vivan la vida transparentemente. Que sean ellos. En realidad, nosotros, como entrenadores no somos padres para los futbolistas, pero sí conductores. No valen las palabras. Valen poco. Se las lleva el viento. Lo que quedan son los gestos, las miradas, las formas y, sobre todo, los actos. No hay mejor manera de demostrar afecto o enojo.

D. B. Tienes una relación familiar muy curiosa. A tu padre no le llamas Carlos o Papá, le llamas Simeone y a tu madre, Nélida, le llamas González. Tienes a los tres chicos futbolistas y encima tu hermana, Natalia, te representa.

S. Sí, así es. ‘Hola Simeone, ¿cómo estás, todo bien?’. Y a mi madre siempre González, bien española. Los chavales recorriendo su camino; mi hermana con la seguridad familiar, para cuidar la espalda. Y luego las dos niñas muy chiquitas son la energía renovada para esta edad que tenemos.

D. B. Además de todo el recorrido que tenías de antes, estos últimos 11 años en el Atlético te han marcado de por vida. ¿Qué es el Atleti para Simeone?

S. Cuento desde que llegué al Atlético como jugador. Venía de Sevilla habiendo vivido unos buenos momentos. Y aquí, de la nada, la gente me comenzó a querer sin que yo le hubiera dado nada. Mi primera temporada fue irregular, como la del equipo o el club, que venía de un momento de dificultad. Nos salvamos del descenso allí en Sevilla. A partir de la segunda temporada formamos un gran grupo y logramos aquel doblete. Después jugaba en el Inter, en la Lazio y cada vez que volvía a España, escuchaba a la gente que decía ‘ahí va el Cholo, el del Atlético’. La gente me asociaba al Atleti.

D. B. Personalmente me disgusta mucho cuando veo a un jugador que le sustituyen y demuestra que está cabreado, tira la botella al suelo… ¿Cómo llevas eso?

S. Eso es porque vivimos en un espacio que copiamos continuamente. Copiamos lo que hace el otro. Si veo en televisión que uno se enoja, ¿por qué no me voy a enojar yo? Siempre les digo a los jugadores que a mí no me faltan al respeto. Se lo faltan al compañero que entra. Cuando me preguntan los periodistas, yo les digo que le pregunten al jugador. Lo mismo salió enojado porque estaba jugando mal… Hay varias formas de salir enojado del campo. Una, ‘yo quería hacer más, me sacó antes de tiempo’, y otra ‘es un cabrón porque me sacó’.

D. B. Muchas veces el silencio del entrenador es lo mejor, pero hay otras en las que hay que decir las cosas.

S. Me pasó una experiencia en el Estudiantes. Tenía algo que decirle a un jugador importante. Y en la semana fui esperando. Hablo mañana, hablo pasado… y hablé el viernes. No vas a jugar mañana, le dije. Él ya lo intuía. Y el chico me dijo: ‘Habérmelo dicho el martes. Vienes a hablar ahora que ya lo tienes decidido’. Y le dije que gracias. A partir de ahí entendí que cada vez que tienes algo que decir al jugador, hay que decírselo porque el tiempo nunca va a ser el mismo.

D. B. ¿Cuándo estás con los jugadores sientes que ellos te creen, que influyes en ellos? Es muy importante saber que lo que se les dice, se lo creen.

S. Hay situaciones que uno percibe. Te habrá pasado. Uno percibe el ambiente. Es difícil explicar qué es lo que se percibe, pero se percibe atención, concentración y entonces fluye. Después se ven los hechos o no. Una cosa es te creo, pero después no lo ejecuto. Lo que buscamos es que ellos se sientan cómplices de lo que hacemos. Que lo sientan. Yo les digo siempre que lo que mejor me hace como entrenador es poder reflejar mis sentimientos dentro del campo y yo busco gente que los refleje. Cuando no te creen luego se ve. La gente te tiene etiquetado en un sitio y eso lo considero una falta de respeto, ni siquiera miran si evolucionas. Miran lo que fuiste. Creo que sí influyo en el jugador. Puede que, en el andar, en el camino, tuvimos algunas situaciones con algunos jugadores que no pudimos darle lo que queríamos, pero hubo un montón de casos que han llegado de una manera y después han mostrado otra cosa.

D. B. En 10 años te da tiempo a muchas cosas. No solo en los contenidos del entrenamiento, que habréis evolucionado, sino también en la organización del juego. Creo que es bueno para un entrenador romper con la rutina y cambiar el sistema, por ejemplo. La rutina es buena para algunas cosas, para otras no.

S. Soy estructurado dentro de mi pensamiento de lo que quiero, pero no soy estructurado de lo que busco desde el juego. Entiendo que lo más importante en esto son los futbolistas y nosotros vamos detrás de los futbolistas y ellos te van marcando lo que quieren con su juego, con sus sociedades. Y nosotros tenemos que ir buscando eso. La temporada pasada tardamos siete u ocho fechas para encontrar el sistema de 1-3-5-2 que acomodaba a todos para que pudieran rendir mejor. Con alguno hablábamos cuando estábamos cambiando de sistema y me decían que les iba a venir bien porque todos ya conocían cómo jugábamos. Así fue como explotó Marcos Llorente, como a Hermoso se le dio una mejor salida. Como Lemar encontró su sitio que en el 1-4-4-2 lo tenía ahogado…

D. B. Lemar siempre me gustó. Me parece un jugador muy interesante y, sin embargo, ha tardado en demostrar lo que era.

S. Y no sabes la cantidad de gente que me decía que no lo pusiera, que pusiera a otro. Y yo lo veía y decía que tenía que jugar. Tiene cosas diferentes de los demás. Va para delante, gambetea (regatea). Tiene algo que tienen pocos. Hoy ya no se gambetea más. Hoy es todo posicional, hago superioridad numérica por acá, por allá. ¿Y el talento? ¿Y lo individual? ¿Y la gambeta? ¿Y el eludir? ¿Y el sacarse un hombre de encima que rompe toda la estructura? ¿Quién lo tiene? Lemar, João, Correa, pocos.

D. B. Dices que sabes escuchar. Algunos se creen que escuchar al jugador es un síntoma de debilidad.

S. Escucho mucho. Para nada es debilidad. Me abro siempre para escuchar sus necesidades, para escuchar lo que ven, pero después decido yo. Si tengo algo es que tonto no soy. Puedo ser mal entrenador, pero tonto seguro que no y busco el camino que me lleva más rápido. Bielsa, que era muy estructurado, que tenía muy mecanizados los movimientos, comentaba que su máximo orgullo era que el jugador entrara al campo e hiciera algo que decidiera por sí mismo. La mecanización te genera un estímulo de repetir cosas y ahí es donde tiene que aparecer el otro ‘vos’ y añadirlo a lo que dicen los entrenadores.

D. B. Como entrenador es importante tener unos jugadores tuyos. Sin decírselo, pero teniéndolos. Una especie de jerarquización de la plantilla. Del 1 al 11. Luego el 12, el 13… el 25. Puede ser temporal, claro, el 25 puede pasar al once.

S. Totalmente. En primer lugar, el vestuario le da el espacio a cada uno de ellos. Siempre me gustó elegir el capitán. Nunca compartí que quien lleva más años en el club tiene que serlo. Llevar muchos años no quiere decir que seas quien lideres el grupo ni lo defiendas. El grupo tiene que ser representado por alguien que tenga un sentido de pertenencia con el equipo. A partir de eso vamos llegando a los que son más tuyos o menos tuyos. Y si es un liderazgo múltiple y pueden convivir entre ellos pues mucho mejor.

D. B. Todos asociamos a Simeone con la exigencia, con que no se casa con nadie, con que está a tope todos los días.

S. Siempre hay matices. El famoso de que no tengo compromiso con nadie, es real. En el momento que empieza el partido los entrenadores también estamos en juego y el resultado influirá en el técnico más que en nadie. Por eso hay que ir detrás de lo que queremos. Algún día le dolerá más a uno, le dolerá más al otro. No soy tampoco de ir hablando todos los días con los jugadores para decirles por qué juegan, o por qué no juegan. Es algo muy difícil de explicar. Nosotros, ahora que tenemos una plantilla brillante… ¿Cómo haces para explicar a Griezmann, Correa, João… que ese día no van a jugar? Los hechos son buscar lo mejor para cada partido y eso hará que todos sigan creyendo que eso es lo mejor.

D. B. Tu famoso partido a partido.

S. Elegí esa famosa frase aquel día que llegué al Atlético porque conozco al club y entendía que siempre estamos pensando por qué no ser, por qué no buscar, por qué no me imagino… No te imagines nada. Vamos a ser lo que tenemos hoy y hacer lo que podemos hacer hoy. En el entrenamiento, en el partido de Copa, en el amistoso, en representar al club de la mejor manera hoy. Y a partir de ahí vendrá todo lo otro, como fue llegando. Pero no nos vayamos de eso porque en el momento que queramos ser lo que no podemos ser, se va a acabar.

D. B. ¿Eres buen observador? ¿Te das rápido cuenta de las cosas?

S. Totalmente. Es feo hablar de uno, no está bien. Lo que creo ser es intuitivo. Yo los veo venir y ya sé cómo están. Sé si durmieron bien, si están enojados, si están contentos. Los cuerpos hablan, los ves y hablan. Los gestos, la forma de pararse, la forma de escucharte, la forma de cabecear cuando les hablas. Mirarte, no mirarte. La forma de hacer un pase. Trato de ir en consecuencia para estar más cerca de ellos.

D. B. Cuando se lleva tantos años en un club, cada día es una exigencia máxima. Los jugadores te tienen que ver como si fuera el primer entrenamiento, aunque sea el 1.525. Te tienen que ver con intensidad…

S. Yo desde el día que llegué acá, que siempre quise volver, vivo pensando que me pueden echar. Entonces la manera de que no me puedan echar es haciendo lo que siento y tratando de mostrar lo que pienso.

D. B. La vuelta de los aficionados para ti es importante por la comunión que mantienes con ellos. Juegas con ellos.

S. Es más importante para el fútbol que para nosotros. Hay quien no entiende la energía que transmite la gente cuando está bien con el equipo local. Cuando está mal es duro. Yo quiero acercar la energía de la gente que está en la cancha cuando la energía de los jugadores empieza a debilitarse.

D. B. Tuviste algún momento de debilidad, de pensar en abandonar el Atlético.

S. Uno de los momentos difíciles fue al terminar la final de la Champions de Milán. La segunda perdida. Una en el 93 y en la otra llegamos al lugar más cercano que se puede llegar para ganar, los penaltis. A los diez minutos tienes que presentarte ante un montón de periodistas que están esperando oler sangre y tienes que hablar. Llegaba de un golpe duro y lo primero que me vino es que tenía que pensar. Porque tenía que pensar si podía volver a transmitir a los futbolistas todo lo que les había transmitido hasta ese momento. Se entendió mal.

D. B. En estos 11 años, a las dos grandes potencias, el Real Madrid y Barcelona, les has sacado los colores en dos ocasiones. Por esos clubes han pasado 12 entrenadores, alguno de ellos dos veces, como Zidane y Ancelotti, mientras tú has continuado aquí todo el tiempo.

S. ¿Qué pienso? Que es un dato normal por lo que le pasó al Atlético y normal por lo que son el Real Madrid y el Barcelona. Allí no te esperan. El Atlético hizo un camino en búsqueda de un crecimiento económico-deportivo, cual tiene ahora, y los clubes, cada uno, actuaron en consecuencia de lo que les pasó. Nosotros tuvimos un éxito continuado, buscando nuestros objetivos. Han sido ocho títulos y dos finales de Champions perdidas con el Real Madrid y una Supercopa contra el Barcelona.

D. B. Como futbolista te gustaba jugar en el centro del campo, donde se cuece todo, no por las bandas.

S. Tú sabes bien lo que es jugar ahí. He jugado en todas las posiciones menos de portero. De lateral, de central, de líbero, de carrilero izquierdo en el Mundial… Ahí no me veía, pero en el medio estaban Almeida y Verón que estaban en un momento brillante y yo era inteligente. El técnico, Passarella, me decía que me veía de carrilero y entonces yo, que quería jugar como fuera, me sentía el mejor carrilero del mundo. Cuando empezamos, jugamos de lo que sea. Pero cuando empiezas a tener lugar y ganar ya dices ‘no, ahora juego un poquito más a la izquierda, un poquito más a la derecha’. No se debería cambiar, pero se cambia. Lo que me gustaba de jugar en el medio es que es el lugar desde donde se ve todo, se percibe todo. Eres el corazón del equipo. Si el medio late bien, entendiendo el juego, los tiempos, el equipo late bien.

D. B. Jugaste 19 temporadas y 108 partidos con la selección. Son muchos.

S. Sí y más para aquella época, que había menos partidos. Carrera larga, sí. De 1987 a 2005. Y terminamos en Racing, me duché un sábado a la tarde que jugamos contra Estudiantes de la Plata, con el que luego fui campeón, y al domingo por la mañana me vestí ya con el silbato con los mismos compañeros, pero sabía que lo podíamos sacar adelante.

D. B. ¿Desde que edad comenzaste a pensar que querías ser entrenador? Me da que fue desde muy joven.

S. A verlo comencé a partir de los 25/26 años. Tuve muy buenos entrenadores. Siempre digo que uno no elige el papá, te toca. Cuando empecé me tocó tener a Bilardo y soy un agradecido absolutamente a Bilardo porque me abrió la mente, a su manera, pero me abrió la posibilidad de llegar a Italia y poder jugar de diferente manera que en Argentina, donde estaba todo más mecanizado y posicional.

D. B. Por simplificar se puede decir entonces que eres bilardista.

S. No, no soy bilardista. Me dejaron influencia Basile, Bielsa, Eriksson, que era un gran gestor de plantillas con estrellas. Tengo la cabeza superabierta. Bilardo fue mi primer conocimiento. Tengo mucho de él, pero no me cierro a nada. No me gusta el etiquetado. En el Atlético, el primer año salimos campeón con un equipo más contragolpeador y el año pasado con un 1-5-3-2.

D. B. Si tuviera que jugarme algo te diría que el mejor partido de tu Atlético en estos 10 años, tu mejor recuerdo es en Bucarest, el 3-0 al Athletic de Bielsa en la final de la Europa League. Al menos está entre los cinco primeros.

R. Puede ser, seguro. Además, no estábamos jugando así y ese día cambiamos. Jugamos con Adrián, Falcao y Arda, arriba. Jugamos 1-4-3-3. En el medio Gabi-Mario Suárez-Diego Ribas. Todos jugadores ágiles, dinámicos, con buena presión, buen pie. Juanfran y Felipe en las bandas. Un equipazo. Ganamos 2-0 enseguida con dos goles de Falcao y cerró Diego Ribas.

D. B. ¿Qué te parece la Liga sin Messi?

S. Con la salida de Messi y de Cristiano hemos perdido todos, pero fueron muchísimos años en los que han dado lo máximo en nuestra Liga. Al no estar, la Liga tendrá que volver a crecer y retomar. Creo que el ritmo en el fútbol español ha bajado.

D. B. Si acabas tu contrato con el Atlético en el 2024 habrás igualado los 14 años seguidos que estuvo Miguel Muñoz en el Real Madrid, que es un récord en el fútbol español.

S. Ojalá que venga. Si pienso en eso me agarra vértigo. Pensamos en el ahora. Y la mejor manera de seguir es seguir poder dando lo mejor, es así. Todas las mañanas me pone contento ponerme la ropa de entrenador del Atlético y me gusta. Perder es parte del fútbol.

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