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Redacción Atletimanía
El Atlético de Madrid ya está en la final de la Copa del Rey. Sufriendo. Resistiendo. Aguantando un asedio de casi noventa minutos en el Spotify Camp Nou. El 3-0 encajado ante el FC Barcelona no fue suficiente para tumbar el 4-0 de la ida en el Metropolitano, y los rojiblancos disputarán su vigésima final copera, la primera desde 2013.
Fue una noche larga. De dientes apretados. De bloque bajo y líneas juntas. El Barça salió decidido a cumplir el plan que había verbalizado Hansi Flick: dos goles por parte. Y durante muchos minutos pareció posible. Dominio absoluto, posesión, oleadas constantes y un Atlético replegado, incómodo, sobreviviendo como sabe hacerlo en escenarios hostiles.
Marc Bernal abrió la cuenta tras un córner y Raphinha, de penalti al filo del descanso, puso el 2-0 que reactivaba fantasmas. El equipo de Diego Pablo Simeone apenas encontraba salida y solo una ocasión clara, un cabezazo de Lookman que rozó el gol, alivió mínimamente la presión.
En la segunda parte el guion no cambió demasiado. El Barça siguió empujando, acumulando centros y apostando incluso por Ronald Araujo como delantero improvisado en busca del milagro. Bernal firmó el 3-0 y el estadio creyó. El Atlético, mientras tanto, defendía cada balón como si fuera el último.
Hubo sufrimiento real. Hubo manos salvadoras, despejes al límite y pulmones vaciándose. Pero también hubo carácter. El Atleti no perdió la compostura ni cuando el partido entró en el territorio del caos. Simeone movió el banquillo para ganar piernas y resistir las últimas embestidas.
El Barça se quedó sin gasolina. Rozó la prórroga, pero no la encontró. Y cuando sonó el pitido final, la liberación fue total. El Atlético perdía el partido, sí, pero ganaba lo importante: el billete a Sevilla.
Seis años después, el equipo rojiblanco vuelve a pelear por un título. Díez Copas adornan ya su historia. La undécima está a noventa minutos. Y este grupo, irregular y discutido por momentos, ha demostrado que en las noches de resistencia todavía sabe competir como pocos.
