Futre rememora uno de los mayores gestos de compañerismo de la historia del club

Santiago T. Peredo

Si hay alguien que sienta los colores rojiblancos, ese es Paulo Futre. De eso no hay duda. El cariño y el amor que profesa por y para el escudo de la osa y el madroño es una de los sentimientos de lio que más orgulloso se siente el exjugador colchonero.

A raíz del espectacular gesto del equipo femenino del Atlético con su compañera Virginia Torrecilla tras ganar la Supercopa de España ante el Levante, el astro portugués ha querido desempolvar una anécdota de cuando militaba en el club como jugador. En su recuerdo, que compartió a través de Instagram, revivió como ayudó a Aguilera para que renovara tras pasar, su compañero, un mal momento personal:

“Me gustaría contaros una historia muy especial para mí. En mi 2ª temporada Jesús Gil decidió que yo debía ser capitán. Intenté que cambiara de opinión pero no hubo manera. En el equipo había titulares de la Selección y la mitad de la plantilla se había formado aquí. Aparte de que en aquellos tiempos solo podían jugar 2 o 3 extranjeros por equipo. Me llevaba genial con todos pero era imposible que aceptasen que un portugués de 22 años fuese su capitán.

Poco tiempo después todo cambió. Aguilera tenía solo 20 años, era un niño de la cantera. Ya había debutado con los “mayores” pero no tenía contrato profesional cuando llegó la terrible noticia de que tenía cáncer de tibia. El Presi tuvo el detalle de declarar públicamente que pasara lo que pasara le firmaría un contrato profesional por varios años. Días después recibimos la bella noticia de que era benigno y podría jugar de nuevo. Él volvió a entrenar pero el contrato prometido no aparecía, Gil le fue dando largas y yo me tomé el asunto personalmente.

En paralelo llegué a un acuerdo para mi renovación. El día de la firma estaba convocada una rueda de prensa. Y justo antes de firmar mi contrato en su despacho me planté: “Presi llame ahora al ‘Niño‘ para firmar lo que le prometió, o no hay renovación y salgo ante la prensa a explicarles el motivo”. Él sabía que no era un farol. Tras su típica ronda de insultos, media hora después Carlos Aguilera estaba firmando su primer contrato profesional. Al día siguiente cuando entré al vestuario sentí por primera vez en la mirada de mis compañeros que me aceptaban como su capitán: “El portugués es uno de los nuestros, mata por nosotros”.

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