Actitud y espíritu de campeón

Santiago T. Peredo

Nadie dijo que ganar una Liga fuera fácil. Bien lo sabe Simeone que remó hasta la última jornada para ganar la de 2014. Pero si hay algo que te lleve a alzar el torneo de la regularidad es, sin duda, la actitud. Precisamente esta le sobro al Atlético en el partido de Ipurúa, que venció agónicamente por 1-2 gracias a una actuación estelar de un Luis Suárez que vuelve a ser Pichichi.

El duelo no comenzó bien para los colchoneros. El Eibar arrancó muy fuerte y con una presión muy adelantada e intensa, circunstancia que descolocó a los rojiblancos y provocó que Carrasco cometiera un penalti innecesario sobre Muto a los 12′. Una pena máxima, que se encargaba de anotar Dmitrovic, convirtiéndose en el tercer guardameta de la historia que anota al conjunto madrileño.

Le tocaba remontar al Atlético, que sólo había ido por detrás en esta Liga ante el Real Madrid, y el resultado no fue para recordar precisamente.

Simeone era consciente de que tenía que avivar el espíritu de sus hombres y animar a un Yannick al que no le salía nada. Psicológicamente el argentino mandó calentar a Renan Lodi desde la jugada del penalti, como toque de atención, aviso que captaron a la perfección los jugadores y el propio belga, que desde entonces fue de los mejores del encuentro, percutiendo continuamente por su banda.

Paulatinamente iban creciendo y sintiéndose cómodos sobre el césped de Ipurúa, y tras varias aproximaciones de peligro sobre el arco azulgrana y un claro cambio de actitud, llegó la máxima expresión de esta. Un suceso que cambió el devenir del encuentro, justo al filo del descanso.

Con más corazón que cabeza, Llorente presionó una salida de balón sencilla de los armeros, que ante el agobio de la cercanía de este, despejaron mal, cayéndole el balón a Luis Suárez, que definió a las mil maravillas con un disparo seco, cruzado y exterior.

Se fue al vestuario con la moral por las nubes el Atlético, pero la segunda parte, pese a que Simeone hizo saltar al terreno de juego a Joao y Torreira, adelantando así la posición de Saúl, para buscar un fútbol más directo, fue más de lo mismo. Las acometidas colchoneras se estrellaban contra la defensa del Eibar, o no llegaban a generar peligro por falta de precisión.

Y cuando el Atlético daba por bueno el reparto de puntos, volvió a aparecer la actitud, esta vez en la piel del Pistolero. El uruguayo, pese a que muchos ya le han enterrado, dudan de sus capacidades físicas e incluso de su calidad, corrió y peleó un balón al espacio con Arbilla, quien cayó en su trampa.

El zaguero cometió penalti a dos minutos del final, pena máxima que se encargó de transformar el charrúa con una sangre fría, pocas veces vista en los últimos tiempos en la disciplina rojiblanca. Ni corto ni perezoso, con toda la presión del mundo, ejecutó una Panenka exquisita, que se coló en el fondo de la red, y que permitía aumentar la ventaja de cuatro a siete puntos sobre el Real Madrid. Ahí es nada.

El uruguayo tiene el gen ganador

Luis Suárez, sin duda, ha cambiado la cara a la faceta ofensiva colchonera, pero sobre todo ha empapado a sus compañeros de su hambre y de sus ganas. El 9 suma 11 goles en LaLiga, y es el máximo anotador de esta junto a Leo Messi.

Sus dianas son importantes, pero lo que de verdad está siendo imprescindible para que el Atlético gane este tipo de encuentros que antes no lograba remontar, es su actitud, su espíritu de campeón.

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