Crónica vs Elche: El Atlético se desploma con uno menos y agrava su crisis

Redacción Atletimanía

El Atlético de Madrid volvió a tropezar, esta vez en el Martínez Valero, donde cayó 3-2 ante el Elche en un partido que reflejó a la perfección el momento delicado que atraviesa el equipo. Aún con la herida abierta de la final de Copa, los de Diego Pablo Simeone ofrecieron una versión frágil, especialmente tras quedarse con diez, y encajaron una derrota que complica su posición en LaLiga.

El arranque fue engañoso. Tras unos primeros minutos de empuje local, el Atlético golpeó primero con una acción individual de Nico González, que culminó un contragolpe que él mismo inició. Pero, lejos de asentarse, el equipo volvió a mostrar sus dudas atrás y permitió el empate poco después, en un córner mal defendido que Affengruber convirtió en el 1-1.

El partido se rompió definitivamente pasada la media hora. Un error grave de Thiago Almada terminó en penalti y expulsión, dejando al Atlético en inferioridad y permitiendo a André Silva firmar el 2-1. Aun así, el conjunto rojiblanco reaccionó con orgullo inmediato: otra acción eléctrica de Nico acabó en el 2-2 tras revisión del VAR, devolviendo momentáneamente la igualdad antes del descanso.

Con uno menos durante toda la segunda mitad, el desgaste pasó factura. Simeone trató de recomponer al equipo con cambios, pero el Atlético nunca encontró continuidad ni amenaza real. El Elche, más cómodo y mejor organizado, fue creciendo con el paso de los minutos hasta encontrar el premio definitivo en una jugada embarullada que André Silva culminó para el 3-2.

En el tramo final, más por inercia que por convicción, el Atlético buscó el empate sin claridad. Algún intento aislado de Antoine Griezmann o un disparo lejano de Pablo Barrios fueron lo único destacable en un equipo sin chispa ni ideas.

La derrota, una más en un último mes muy irregular, deja al Atlético tocado en lo anímico y comprometido en la tabla. Mientras, el Elche celebra tres puntos vitales en su pelea por la permanencia. En el lado rojiblanco, en cambio, las alarmas ya no son una sensación: son una realidad.

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